Amor visceral
Micro historia gai
Tema: Saki, el mejor amigo de Akira ahora es un zombie por un accidente desconocido.
—¿Zombie? De qué tontería me hablas —Akira se quedó mirando desconcertado, ¿era acaso otra broma de mal gusto?
El chico frente a él lo miraba nervioso, como si evitara acercarse a él.
—Akira… yo no se como decirte esto, pero no es broma. De verdad—titubeo, como si le costara hablar.
Akira volteó los ojos, no lo tomaba en serio, hasta que el que había sido hasta ahora, su mejor amigo, empezó a quitarse las vendas de sus brazos y acercarse más a él.
—Mira, yo—dejo de hablar por pocos segundos, para después mostrarle lo que ocultaba tras las vendas—. Se que solo me ves como tu amigo, por ello te lo estoy contando, Akira tengo miedo de mi.
No podía ni mirarlo a los ojos, lo que llevaba ocultando… no era más que un brazo putrefacto, parecía que lo habían mordido, le faltaba un buen trozo de carne en su antebrazo, parecía que llevaba días sin quitarse la venda, se veía asqueroso.
—¡Saki, tu brazo está!… se ve muy mal—estaba asustado ahora, ¿que es lo que le había pasado a su amigo? No lo podía creer.
Se miraron en silencio por pocos minutos, el ambiente era tenso. Ambos tenían miedo, pero Saki aún le debía explicaciones a su amigo.
—¿Y… te duele?—Justo cuando estaba decidido a decirle lo sucedido, Akira mostró preocupación por él.
—¡Ah…! Si, pero no es tan preocupante—agacho la cabeza, idiota, no es momento de sonrojarse.
Akira podía notar ese comportamiento tan extraño de Saki, era de esperarse que después del rechazo amoroso siga actuando tan infantil ante cualquier signo de interés en él.
Aún era su amigo, pero su comportamiento llegaba a ser incómodo para él. Tomo su brazo con sutileza y rebusco entre la piel muerta algo que pudiera explicarle porque se veía así.
—¡Nnhg…!—dejó escapar un gemido suave, al darse cuenta de esto retrocedió.
—¿Duele?—incomodo, apartó la mirada.
Seguía sintiendo esa sensación extraña, mezclada con el miedo que sentía, siguió acercándose más, necesitaba analizarlo.
Saki estaba más nervioso que antes, estaban demasiado cerca. Quería tanto a Akira que mantuvo la calma, el hambre es mental, se repita en su cabeza.
Este seguía toqueteando las pieles de Saki, tenía algo raro en su textura, se sentía como si algo estuviese mal en ella. Podía notarse como no solo el borde de su antebrazo estaba mordisqueado, sino que todo su brazo lo estaba.
—Quítate la camisa—le ordeno Akira, no importaba que tan incomodo fuera, quería saber qué tan lastimado estaba Saki.
—¿Eeh? Esta bien…—Dio un sobresalto, balbuceo mientras empezaba a desabrocharse la camisa.
Sintió como su corazón latía con más fuerza, si es que aún lo hacia, estaba agitado, como si se sofocara con cada roce de su amigo.
Al desvestirse, vio como su pecho había adquirido un tono grisáceo, parecía que se estaba oxidando, tenía moretones en la espalda y la sus venas se marcaban más de lo normal en todo su cuerpo.
Él aún no lo sabía, pero Saki estaba conteniendo el hambre que sentía, ya que el mismo había arrancado la piel de sus brazos, pero no era suficiente, no saciaba su hambre.
—Akira, ugh… ¿podrías hacerme un favor?—Sus ojos se postraron en él. Siempre fue tímido como para pedirle favores, pero esta no era la ocasión.
Antes de que pusiese decirle algo, retrocedió, ¿que clase de favor querría en este estado? Era evidente, le tenía miedo.
—Por favor… —Saki agachó la cabeza.
De alguna forma u otra, el lo entendió, no había forma de escapar, el miedo tampoco era de mucha ayuda.
—Siempre me haz gustado, ¿lo sabes, verdad?—suspiro a medida que se acercaba nuevamente a Akira.
Akira, estaba congelado, no podía moverse, le aterraba eso, ni siquiera podía decir algo.
Finalmente, Saki tomó del hombro a su amigo, lo amaba eso era obvio. Más la devoción que le tenia, no podía comprarse con el hambre que en eso momento sentía.
Akira lo miró asustado, cerró los ojos esperando lo peor—. Saki… —fue lo único que pudo murmurar.
—Akira, te amo…
Justo en ese momento, clavo su dentadura en su cuello, le dio una gran mordida. Empezó a desgarrar la piel tan suave que tenía Akira. Devorando a la persona que más quería en el mundo.
Sus labios manchados de sangre, si iba más rápido se atragantaría. Agachado en el suelo, desprendió poco a poco la carne de su amado. Ya no sentía culpa, ya no era él.
Al final, solo pudo recostarse en el pecho del que alguna vez fue su mejor amigo—. Akira… cuanto lo siento.
Fin.
—yaiko.











Protect queer art